Atardecer en la Boca de Inferno

Atardecer en la Boca do Inferno. Cielo cubierto. Brisa fresca. Recorro el camino entre las piedras erosionadas por siglos de olas y espuma. En la entrada un quiosco con nautilos y otros tesoros marinos. No puedo evitar sujetar una caracola contra la oreja y escuchar el murmullo que según mi abuelo atrapa el mar desde el inicio de los tiempos.Siempre me han gustado las conchas, por el brillo de sus caparazones perlados, por sus espirales risueñas, la naturaleza construyendo simetrías perfectas. Quizá por mi nombre. El sol despide el día en el cabo de Rocha extendiendo sus reflejos nacarados en el horizonte. Una pareja me pide una fotografía. Un recuerdo de las vacaciones que terminan.Tras la cena, música y baile. A las doce, las primeras bengalas. La música acompaña al espectáculo de luces y colores. Grandes petardos estallan en circunferencias verdes y rojas. Lágrimas plateadas, palmeras brillantes, estelas que parpadean hasta desvanecerse en la noche. Cascáis despide el verano con alegría y belleza hasta el próximo año.

(Source: wp.me)

Sinfonía de verano

Otra mañana sin brisa. Entrelazo pasos lentos por callejuelas abandonadas a la sombra de eucaliptos y acacias. El sol de agosto enciende las fachadas de blancos y amarillos. Cruzo portales enmarcados con piedras de otros siglos, ventanas enrejadas, terrazas vacías. En lo alto de un abeto la silueta negra de un mirlo reclamando a su hembra.
En una esquina me sorprenden los ojos amarillos de un felino. Más que un gato, una sombra brillante que acecha el postigo y se lamenta por la ausencia de su dueña. Avivo el paso y me adentro en el parque Carmona. Tras las rejas, pavos, palomas y gallos picotean en la yerba. Un estruendo de cigarras inunda el aire entre pinos centenarios. Sinfonía de verano.
Cierro los ojos y me traslado a los agostos de mi infancia. Voces de niños estallando entre cigarras, los chapoteos en pozas oscuras, mi padre persiguiendo truchas con manos de gigante, las sandías enfriadas en la corriente, los huevos fritos de la Hilaria. La piel se me eriza al recordar las aguas heladas y por un momento, vuelvo a escuchar el arrullo de mi madre mientras me envuelve en una toalla cálida.

Saludando al verano

El verano de 2012 comenzó el jueves a las 01:09 horas de la madrugada. Durará un total de 93 días, siendo el más largo del año desde hace unos siglos. A partir de hoy, las temperaturas empezarán a subir.
Salgo corriendo de casa. Un taxi me conduce de vuelta al despacho de Mª Antonia con los contratos que olvidé en la cocina. Cuanta más prisa tengo más semáforos en rojo encuentro. Subo las escaleras de tres en tres, la espera otra cita. Le dejo los papeles y vuelvo a adentrarme en el tráfico madrileño. Alcalá, La Castellana, Cuzco, hasta la consulta de la doctora María. Llego tardísimo.
Hoy las temperaturas rondarán los 20 ºC en todo el territorio. Predominará el viento norte y el ambiente freso. Los cielos permanecerán despejados, aunque no se descartan lloviznas en la mitad norte.
María me recibe con un beso y un abrazo, siempre tan cariñosa. A los quince minutos estoy relajada y tranquila. Nada mejor que alguien sabio para resolver nuestras cuitas. Me pregunta por mis planes de verano. Me doy cuenta de que con tanto ajetreo lo olvidé por completo. Cierro los ojos y me imagino paseando por las arenas blancas de Guincho, desayunando en la terraza con música, compartiendo juegos y mesa con amigos. Al salir alzo la mirada y me tropiezo con un pedazo de cielo del azul intenso de Cascáis. Y con una sonrisa saludo al verano que hoy comienza.

(Source: wp.me)

Arenas de Guincho

Aguas de Guincho. Corrientes tornasoladas, arcoíris traslucido. El viento serpentea entre las dunas con silbidos zigzagueantes. La mañana bendice a la última costa europea mientras el sol se despereza. Revuelo de gaviotas, danzas suspendidas en torbellinos. La arena se enciende en cada hueco de nubes que envuelven la sierra de Sintra. El océano profundo y turquesa se abre en ramilletes blancos, paraíso de los amantes que se acercan cada mañana con sus tablas. Las mismas tablas que surcan las corrientes del paraíso.
A sotavento fortines y estacas anhelan huéspedes. Dos jóvenes recorren la orilla recuperando medusas y conchas marinas. Sus pasos se deshacen en caricias de aguas claras. El viento omnipresente entrelaza toldos y velas encendiendo mis recuerdos. Atardeceres de agosto. Pieles bendecidas por sales marinas. Saltos y carreras de quienes se aventuraron en el Atlántico. Sueños, lecturas, secretos. Las voces con las que compartí las arenas blanquísimas de Guincho. Un regalo de la naturaleza que cada verano restaura mi alma.

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Un deseo

Amanezco entre nubes. Un cerco luminoso se hace paso entre las sombras del cuarto. Una puerta a otro mundo brillante y lucido. Abro la ventana y descubro una mañana radiante. Azul, verde y fucsia. Los colores me levantan el ánimo. Sol y flores frescas. Regalo de la naturaleza en mi aniversario.

Desayuno en la terraza. Tostadas con miel y frutas frescas. Mi desayuno favorito. Enciendo la pantalla y descubro decenas de mensajes que me felicitan el día, rostros sonrientes que me saludan desde tantos rincones de la Tierra. La sonrisa se completa en mi rostro adormecido. Cumplo años con la ilusión de cuando era una niña. Gracias a todos por el milagro de vuestra compañía.